Decir y Hacer

En la nueva era política el discurso tiene más peso que los hechos. Los tecnócratas que durante décadas nos inundaron con cifras e indicadores hoy han perdido legitimidad, por participar en gobiernos cuyos resultados han sido pocos, inequitativos y decepcionantes (más en el discurso que en los hechos). Hoy la narrativa prevalece sobre la lógica y la razón, porque entre la ciudadanía hay una sed de cambio que por el momento se puede alimentar solo con la mera voluntad de quienes se perfilan para el liderazgo.

Ante problemas complejos, hoy triunfan quienes en el discurso plantean respuestas lógicas, aunque no necesariamente plausibles o razonables. Andrés Manuel López Obrador y su cuarta transformación han sabido capitalizar la preocupación de los ciudadanos y han ofrecido respuestas que complacen a sus audiencias, que en el mejor de los casos ponen en aprietos a quienes pretenden implementarlas, pero en el peor, representan un deterioro de nuestras ya deficientes instituciones. Si algo ha podido transformar la nueva administración son preocupaciones legítimas de los ciudadanos en acciones y políticas que contribuyen al fortalecimiento de su movimiento y la centralización del poder. Ejemplos hay de sobra, pero me centraré en dos de ellos: las consultas públicas y la eliminación del fuero.

Las últimas administraciones alienaron a una parte amplia de la ciudadanía, mostraron cerrazón y soberbia para escuchar las opiniones de quienes se veían afectados por sus políticas públicas como en el caso de la estrategia de combate a la inseguridad. Esta actitud generó una percepción de desamparo y de falta de representación, que hoy se pretende cubrir con instrumentos como las consultas populares. Que la ciudadanía quiera que su voz sea escuchada es comprensible y legítimo, ningún demócrata se posicionaría en contra de este principio; sin embargo, la implementación del mecanismo cuenta una historia diferente. Con una metodología cuestionable, nulos candados de financiamiento opaco y resultado, AMLO transformó esta sed legítima de participación en un instrumento ilegítimo para la toma de decisiones políticas.

El fuero ha sido un instrumento abusado por muchos en la esfera política, que ha permitido que cumplan atropellos y que ha generado mayor desconfianza en un estado de derecho que es misericordioso con los poderosos e implacable con los desfavorecidos. Este instrumento, que para muchos hoy carece de lógica, surgió como una herramienta de protección para los opositores ante un régimen hegemónico (parecido al que vivimos hoy), para garantizar que los críticos al interior del sistema pudieran estar protegidos en sus posicionamientos políticos ante las amplias capacidades del Estado. AMLO, como líder de su movimiento, tuvo la oportunidad de mostrar una actitud diferente ante el abuso de este instrumento legal cuando en el mes de octubre el Diputado Cipriano Charrez Pedraza estuvo involucrado en un accidente en el que falleció una persona, pero no lo hizo. Aunque el tema es prioritario para MORENA, y en el discurso el legislador renunció al fuero, hoy mantiene su curul y no ha enfrentado consecuencias a sus acciones.

En la vida, pero sobre todo en la política, decir y hacer no son lo mismo. Decir que la existencia de consultas garantiza que se escuche la voluntad de los ciudadanos es tan ilusorio como decir que la eliminación del fuero combate la impunidad, cuando en la realidad solo se deje a los opositores desprotegidos y la misericordia del Estado sigua siendo selectiva.

Abigail Martínez

Licenciada en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por el CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas) y Maestra en Políticas Públicas por Macquarie University. Se especializa en análisis político y comunicación estratégica. Colaboradora de The HuffPost México, Gluc MX y ENEUSmx.

Otros Artículos

Deja un comentario