Esclavos de sus palabras

El Presidente López Obrador nunca ha huido de la controversia. En gran medida, mucha gente se vio atraída a su estilo de hablar, de denunciar los abusos, de señalar a “los corruptos” y darle una voz a una parte importante de “el pueblo” enojada con una clase gobernante que no se cansó de decepcionarlos.

Por eso, es de notarse que ahora, el antes vociferante presidente, al ser cuestionado sobre temas delicados que involucran a personas cercanas a los mandatarios que en pasado denostó pública y reiteradamente como en el escándalo de la secta NXIVM, y ante los múltiples embates del Trump, empiece a mostrar una sospechosa cabalidad diciendo que prefiere ser “dueño de su silencio”. Y qué bueno, porque la mesura es un buen atributo de un estadista, la mala noticia es que el atributo parece haber llegado tarde.

El presidente sólo ha hecho referencia a la primera parte del antiguo adagio. Éste señala que “el hombre es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras”. La segunda parte del proverbio importa porque las palabras que hoy esclavizan no sólo al presidente, sino al país, no son las que ha refrenado hacia Trump, sino las que externó hace meses a los migrantes. Desde que llegó a la presidencia, López Obrador tomó un discurso a favor de la migración y los derechos de esta vulnerada comunidad, y anunció una política de brazos abiertos sin anticipar sus posibles consecuencias. No obstante, el discurso y la realidad no empataban del todo, pues la política de deportación no cambió con respecto a la de administraciones anteriores.

Pero como ya es costumbre con AMLO, el discurso fue más efectivo que la política pública. La propia Secretaria de Gobernación reconoció que entre enero y marzo 300,000 personas cruzaron la frontera sur de México de forma irregular, generando tensión en un sistema que de por sí ya estaba saturado. Este discurso que valió el regocijo y cánticos de “viva México” de los migrantes en la caravana que llegó a nuestro país en enero, a la vez alimentó un fenómeno que da combustible a la campaña xenófoba de Donald Trump al norte de nuestra frontera.

Con un aeropuerto de Santa Lucía detenido por orden judicial, un Tren Maya cuestionado por la falta de procesos para garantizar su viabilidad desde la perspectiva logística y ambiental, y la desaceleración de la economía, la promesa de fuentes de trabajo en México para los migrantes, mientras al mismo tiempo se despide a más 19,000 burócratas, se ha ido esfumando. Lo que no se ha esfumado es el hacinamiento de los centros de detención y las comunidades de migrantes en la frontera norte del país.

El acuerdo alcanzado con Trump para evitar los aranceles comerciales que hoy quieren vender como un triunfo de la cuarta transformación es una curita sobre una herida que requiere cirugía mayor, que ya era grave, y el presidente profundizó con sus palabras. El tipo de cambio utilizado en esa negociación fueron los migrantes, a quienes el presidente les mintió y hoy parecen devaluarse ante las amenazas de Trump de estancar la economía mexicana. Para tratarse de un gobierno antineoliberal, no tardaron mucho en acomodar un precio en términos de migrantes para conseguir oxígeno y buscan resolver un problema que no depende de México.

Es irónico que muchos reconozcan la frase “dueño de mi silencio” por la canción de la banda Jarabe de Palo, porque eso es exactamente lo único que podrán esperar los migrantes durante los próximos 45 días, por lo menos. Es irónico también, que en su libro “Oye Trump”, tan presumido durante su campaña, hay un capítulo titulado “el silencio cómplice del gobierno de Peña Nieto”. Es más irónico aún que mientras el Presidente hoy es dueño de su silencio, los migrantes y la economía mexicana son esclavos de sus palabras.

Abigail Martínez

Licenciada en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por el CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas) y Maestra en Políticas Públicas por Macquarie University. Se especializa en análisis político y comunicación estratégica. Colaboradora de The HuffPost México, Gluc MX y ENEUSmx.

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